En la economía digital contemporánea, los datos se han convertido en uno de los activos más valiosos del mundo. Empresas tecnológicas, plataformas digitales y organizaciones de prácticamente todos los sectores dependen de grandes volúmenes de información para diseñar productos, optimizar servicios, predecir comportamientos y desarrollar estrategias de marketing altamente personalizadas.
Cada interacción que una persona realiza en internet —una búsqueda, un clic, una compra, un “me gusta” o incluso el tiempo que pasa observando un contenido— genera datos que pueden ser analizados para extraer patrones de comportamiento. Durante gran parte del desarrollo de internet, el modelo dominante de recopilación de datos ha estado basado en una lógica unilateral.
Las empresas recolectaban información de los usuarios de manera pasiva mediante cookies, rastreadores o algoritmos que inferían preferencias a partir del comportamiento digital. En muchos casos, los usuarios no eran plenamente conscientes del alcance de esta recopilación ni del valor económico que generaban sus datos. A cambio de servicios gratuitos como redes sociales, motores de búsqueda o aplicaciones móviles, los consumidores cedían grandes cantidades de información personal que posteriormente era utilizada con fines publicitarios o analíticos.
Sin embargo, este modelo está experimentando una transformación significativa. En los últimos años ha aumentado la preocupación social por la privacidad digital, la transparencia en el uso de datos y el poder que poseen las grandes plataformas tecnológicas. Paralelamente, han surgido regulaciones más estrictas que obligan a las empresas a obtener consentimiento explícito para recopilar información personal y a ofrecer mayor control a los usuarios.
Este contexto ha impulsado el desarrollo de nuevos modelos económicos basados en la soberanía de datos, un enfoque que busca devolver al individuo el control sobre su información personal y permitirle participar en el valor generado por ella. Uno de los conceptos más relevantes dentro de esta nueva economía es el zero-party data, que se refiere a los datos que el propio usuario decide compartir voluntariamente con una marca.
A diferencia de los modelos tradicionales basados en el seguimiento oculto o en la inferencia algorítmica, el zero-party data se fundamenta en la transparencia, el consentimiento explícito y el intercambio directo de valor entre empresas y consumidores. La evolución de estos sistemas está dando lugar a nuevos modelos económicos en los que las empresas no solo solicitan información, sino que ofrecen beneficios tangibles —como descuentos, servicios personalizados o incluso pagos directos— a cambio de los datos proporcionados por los usuarios.
Este fenómeno marca el inicio de una transformación profunda en la economía digital, donde los individuos pasan de ser meras fuentes de datos a convertirse en participantes activos en los mercados de información.

La economía de los datos y las limitaciones del modelo tradicional
Desde principios del siglo XXI, la economía digital ha estado impulsada por el análisis masivo de datos. Las empresas utilizan tecnologías de big data, inteligencia artificial y aprendizaje automático para procesar enormes volúmenes de información y comprender mejor el comportamiento de los consumidores. Gracias a estos sistemas, las compañías pueden personalizar anuncios, anticipar decisiones de compra, ajustar precios y diseñar productos adaptados a las preferencias del mercado.
Durante años, gran parte de la economía digital se basó en modelos de negocio centrados en la monetización de datos. Muchas plataformas ofrecían servicios aparentemente gratuitos, pero en realidad obtenían ingresos a partir de la publicidad dirigida y del análisis de la información de los usuarios. Cada dato recopilado —desde la ubicación hasta los intereses de consumo— aumentaba la capacidad de segmentación de los anunciantes y el valor económico de las plataformas digitales. Sin embargo, este modelo dependía en gran medida de datos recopilados de forma pasiva, como los third-party data obtenidos mediante cookies o rastreadores.
Tradicionalmente, las empresas trabajaban con first-party data, second-party data y third-party data, es decir, datos obtenidos directamente, compartidos entre socios o comprados a intermediarios. Pero con el aumento de las preocupaciones sobre privacidad y la eliminación progresiva de las cookies de terceros, muchas compañías han comenzado a buscar alternativas más transparentes. En este nuevo escenario, el zero-party data se ha convertido en una de las estrategias más importantes para recopilar información de forma ética y con consentimiento.
El zero-party data se basa en datos que los usuarios comparten voluntariamente con una marca, lo que genera relaciones más transparentes entre empresas y consumidores. A diferencia de los sistemas tradicionales de seguimiento, el zero-party data implica que el usuario sabe qué información está entregando y con qué finalidad será utilizada. Esto convierte al zero-party data en una herramienta clave para las estrategias de marketing centradas en la confianza y la personalización.
Además, el zero-party data permite a las empresas obtener información más precisa sobre intereses, preferencias y necesidades reales de los consumidores. Por esta razón, cada vez más organizaciones están desarrollando estrategias centradas en el zero-party data, integrando encuestas, perfiles personalizados y experiencias interactivas que incentivan a los usuarios a compartir información de forma voluntaria. En este contexto, el zero-party data no solo representa una evolución tecnológica, sino también un cambio profundo en la relación entre las marcas y las personas dentro de la economía digital.
Soberanía de datos: Hacia un modelo centrado en el usuario
El concepto de soberanía de datos parte de la idea de que las personas deben tener control sobre la información que generan en el entorno digital. En la práctica, esto significa que los usuarios deberían poder decidir qué datos comparten, con quién los comparten, durante cuánto tiempo pueden utilizarse y con qué finalidad. En este nuevo escenario, el zero-party data adquiere un papel fundamental, ya que representa información que el propio usuario decide compartir de manera voluntaria y consciente.
Este enfoque supone un cambio importante respecto al modelo tradicional de la economía digital. Durante años, las grandes plataformas tecnológicas concentraron enormes volúmenes de información y decidían unilateralmente cómo utilizarla. La soberanía de datos propone un sistema más equilibrado en el que los usuarios participan activamente en la gestión de su información y en el que estrategias basadas en zero-party data permiten relaciones más transparentes entre empresas y consumidores.
Además, la soberanía de datos se relaciona con el concepto más amplio de soberanía digital, que se refiere a la capacidad de individuos, organizaciones o incluso estados para controlar su infraestructura tecnológica, sus sistemas digitales y sus recursos informacionales. En el ámbito personal, esta idea implica que los usuarios pueden gestionar su información como un activo propio, algo que se vuelve especialmente relevante cuando se trata de compartir zero-party data con marcas o plataformas digitales.
Esta perspectiva abre la puerta a una transformación profunda del ecosistema digital. Si los individuos son los propietarios legítimos de su información, también deberían poder decidir cómo utilizarla, cuándo compartirla y bajo qué condiciones. En este contexto, el zero-party data se convierte en una herramienta clave, ya que permite a los usuarios compartir datos de forma consciente y a las empresas construir estrategias basadas en zero-party data que prioricen la transparencia y la confianza.
En última instancia, la soberanía de datos introduce la posibilidad de crear nuevos mercados de información personal. En estos sistemas, los usuarios pueden intercambiar zero-party data con empresas a cambio de beneficios, servicios personalizados o incluso compensaciones económicas. De esta forma, el zero-party data no solo representa una evolución en la recopilación de información, sino también un cambio estructural en la economía digital, donde los individuos participan de manera más activa en el valor generado por sus propios datos.

¿Qué es el zero-party data y por qué es clave en el nuevo marketing digital?
El concepto de zero-party data describe la información que los consumidores comparten voluntariamente con una empresa de forma directa e intencional. A diferencia de otros tipos de datos, el zero-party data no se obtiene mediante rastreo automático ni a través de inferencias algorítmicas. En cambio, el zero-party data es proporcionado explícitamente por el propio usuario mediante formularios, encuestas, perfiles personalizados o interacciones directas con una marca.
Este tipo de zero-party data puede incluir preferencias personales, intereses de compra, características demográficas, hábitos de consumo o incluso información sobre planes futuros. Por ejemplo, cuando un cliente responde a un cuestionario indicando qué productos le interesan, cuáles son sus marcas favoritas o qué tipo de experiencias busca, está generando zero-party data que la empresa puede utilizar para comprender mejor sus necesidades.
La principal característica del zero-party data es el consentimiento explícito. El usuario sabe exactamente qué información está compartiendo y entiende con qué finalidad se utilizará ese zero-party data. Esta transparencia permite construir una relación más equilibrada entre empresa y consumidor, ya que el zero-party data se basa en una decisión consciente del usuario y en un intercambio claro de valor.
Otra ventaja importante del zero-party data es su precisión. Mientras que los sistemas tradicionales deben inferir preferencias a partir del comportamiento digital, el zero-party data proviene directamente del propio consumidor, lo que reduce los errores de interpretación. Para las empresas, trabajar con zero-party data permite desarrollar estrategias de marketing más efectivas, personalizadas y alineadas con los intereses reales de los clientes.
El auge del zero-party data también está relacionado con la desaparición progresiva de las cookies de terceros en muchos navegadores y plataformas digitales. Ante la pérdida de estas herramientas de seguimiento, muchas organizaciones están adoptando estrategias basadas en zero-party data, ya que el zero-party data ofrece una alternativa más transparente, sostenible y respetuosa con la privacidad en el largo plazo.
El intercambio de valor: Datos a cambio de beneficios
El éxito del modelo de zero-party data depende de un principio fundamental: el intercambio de valor. Para que los usuarios estén dispuestos a compartir zero-party data, las empresas deben ofrecer beneficios claros y tangibles a cambio de ese zero-party data.
Estos beneficios pueden adoptar diferentes formas. Muchas marcas utilizan programas de fidelización en los que los clientes reciben descuentos, recompensas o acceso exclusivo a determinados productos a cambio de compartir zero-party data. Otras empresas ofrecen experiencias personalizadas, contenido premium o recomendaciones adaptadas a las preferencias que los usuarios comunican mediante zero-party data.
En algunos casos, el intercambio de zero-party data puede incluir compensaciones económicas directas. Bajo este enfoque, el zero-party data se convierte en un recurso negociable que incluso puede generar ingresos para los propios usuarios. Este modelo transforma la relación entre consumidores y empresas, ya que el usuario deja de ser un simple receptor de publicidad y pasa a participar activamente en la economía del zero-party data.
Además, este tipo de interacción puede fortalecer la relación de confianza entre las marcas y sus clientes. Cuando los usuarios perciben que existe transparencia en el uso del zero-party data y que reciben un beneficio real a cambio de compartir zero-party data, es mucho más probable que estén dispuestos a seguir proporcionando zero-party data en futuras interacciones.
Mercados de datos personales y nuevas oportunidades económicas
Una de las ideas más innovadoras asociadas a la soberanía de datos es la creación de mercados de datos personales basados en zero-party data. En estos sistemas, los usuarios pueden decidir vender, alquilar o compartir su zero-party data con empresas interesadas en analizar determinados patrones de comportamiento.
En este contexto, el zero-party data se convierte en un activo económico que puede gestionarse de forma similar a otros recursos digitales. Los individuos podrían elegir qué empresas pueden acceder a su zero-party data, durante cuánto tiempo pueden utilizar ese zero-party data y bajo qué condiciones económicas se produce el intercambio de zero-party data.
Algunas investigaciones en economía digital han explorado métodos para calcular el valor del zero-party data. Uno de los enfoques consiste en medir cuánto mejora la precisión de los algoritmos publicitarios o de recomendación cuando se incorpora determinado zero-party data. Cuanto mayor sea el impacto de ese zero-party data en la eficiencia del sistema, mayor será el valor económico asociado a ese zero-party data.
Aunque el mercado basado en zero-party data todavía se encuentra en una etapa temprana de desarrollo, su potencial es significativo. Si se implementa de forma transparente y regulada, el intercambio de zero-party data podría generar nuevas oportunidades para plataformas tecnológicas, intermediarios de datos y servicios de análisis que trabajen directamente con zero-party data proporcionado por los propios usuarios.
Tecnologías que permiten la soberanía de datos
La implementación de modelos basados en zero-party data y compensación directa depende en gran medida de nuevas infraestructuras tecnológicas. Entre las herramientas que están impulsando esta transformación destacan las plataformas de gestión de datos personales, que permiten a los usuarios almacenar su zero-party data en entornos seguros y decidir qué empresas pueden acceder a ese zero-party data.
Otra tecnología relevante para el desarrollo del zero-party data es blockchain, que permite registrar transacciones relacionadas con zero-party data de forma transparente y verificable. Gracias a los contratos inteligentes, es posible crear acuerdos automáticos en los que el acceso a determinado zero-party data se concede únicamente cuando se cumplen ciertas condiciones, como el pago de una compensación económica por el uso de ese zero-party data.
Asimismo, los sistemas de identidad digital descentralizada permiten a los usuarios demostrar ciertos atributos —como edad, ubicación o preferencias— sin necesidad de revelar más información de la necesaria. Esto facilita el intercambio de zero-party data de forma más segura, reduce los riesgos de privacidad y permite desarrollar ecosistemas digitales en los que el zero-party data se comparte bajo mayor control por parte de los propios usuarios.

La economía de la soberanía de datos representa una evolución importante en la forma en que se gestionan y monetizan los datos personales en el entorno digital. Durante décadas, el valor generado por la información de los usuarios fue capturado principalmente por las plataformas tecnológicas y las empresas que operaban en el ecosistema digital. Sin embargo, el creciente interés por la privacidad, la transparencia y el control individual está impulsando la aparición de modelos más equilibrados, en los que el zero-party data se convierte en un elemento central.
El zero-party data se sitúa en el corazón de esta transformación al promover un sistema basado en el consentimiento explícito y en el intercambio directo de valor entre marcas y consumidores. En este modelo, los usuarios comparten zero-party data de manera voluntaria a cambio de beneficios claros, que pueden incluir desde experiencias personalizadas hasta compensaciones económicas. Cada vez más empresas están adoptando estrategias centradas en zero-party data, construyendo relaciones de confianza con los clientes y obteniendo información precisa y valiosa para mejorar sus servicios.
Aunque todavía existen desafíos relacionados con la valoración del zero-party data, la seguridad de la información y la regulación del mercado, la tendencia apunta hacia una economía digital en la que los individuos tendrán un papel mucho más activo en la gestión de su información. En ese futuro, los zero-party data dejarán de ser un recurso explotado unilateralmente por las empresas y se convertirán en un activo que las personas podrán administrar, negociar y monetizar dentro de un ecosistema digital más transparente y equitativo.
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